El crimen, el rastro y Freud por Úrsula Starke Carrasco

La revolución provocada por Sigmund Freud y su teoría del psicoanálisis removió los cimientos constitutivos de los hechos, pero no en su factibilidad, sino en su interpretación, (porque la constitución del fenómeno parte con su identificación) en la manera en cómo nos habíamos relacionado con ellos, tal como lo afirma Michel Foucault en su ensayo Nietzsche, Freud, Marx: "Ellos han cambiado, en realidad, la naturaleza del signo, y modificado la manera como el signo en general podía ser interpretado". (1)
En 1841 en la Graham’s Magazine de Philadelphia es publicado el cuento de Edgar Allan Poe "Los crímenes de la calle Morgue", considerado el primer relato de suspenso policial, es decir, el que inaugura el género tan explotado en las siguientes décadas. Es curioso determinar que en este y casi todos los cuentos y novelas "policiales" la deficiencia es exactamente la práctica policial, es decir, la incompetencia de los agentes policiales para poder resolver los misterios y asesinatos. Podríamos decir que la base de las tramas de suspenso policial es la falibilidad de los métodos investigativos oficiales. Y la necesidad de la entrada en escena el personaje externo, exótico, portador de métodos originales y sorprendentes que siempre auxilia la incapacidad policial. Para Poe este personaje está encarnado en el detective Auguste Dupin quien, ante los horrorosos crímenes sucedidos en el barrio de St. Roch, impenetrables para los policías parisinos, desenvuelve su procedimiento: "En realidad creo que, en lo que se refiere al conocimietno más importante, es invariablemente superficial" (2). La médula de la sorpresa y la singularidad radica en esto: el re-tejer una trama desarticulada pasando por encima de las lecturas obvias, fijando la vista en los detalles, en las huellas superficiales que en realidad esconden la verdad de manera desplazada. El método analítico deductivo es lo que Dupin utiliza para llegar al ininmaginado final, al esclarecimiento de lo que pasó.
Es aquí donde podemos citar el universo psicoanalítico y realizar las conexiones. El crimen es la escena primordial, la urzene, de la cual nadie fue testigo suficiente como para poder traerla al presente (en el cuento de Poe el único testigo es el simio, al que podríamos sustituir por ese niño pre-histórico de Freud). Los asesinatos han dejado huellas en la escena, huellas desplazadas, condensadas, enigmáticas, casi imposibles de reconstituir en contexto. Estas huellas, únicos vestigios disponibles por medio de los cuales se puede llegar a esclarecer lo sucedido, son observados por los policías franceses de manera forzada, intentando relacionarlas con su significado literal. Dupin acaba con las suposiciones evidentes y aboga por una deducción particular, por dejar que la huella hable de su propio desplazamiento. Para esto es fundamental el análisis de la superficialidad, no de la obviedad, sino del rastro por encima.
Es el rastro criminológico la huella desplazada, la marca de lo ocurrido fuera de foco, o como Freud lo explica, citado por el profesor Carlos Pérez:
"El problema, dice, no es cometer el crimen, sino eliminar las huellas del crimen. El autor lo es, principalmente, de la borradura de huellas, pero esto puede explicar la producción de huellas desplazadas, de otras huellas; de huellas cuya falsedad residirá en ser tomadas, después, como indicios del evento investigado y no como el efecto de un desplazamiento o de una sustitución"(3)
Aquí está la falla del departamento de policía francesa o de Scotland Yard, para Sherlock Holmes, en querer interpretar el rastro como indicio mismo del crimen y no como indicio del ocultamiento del crimen.
El método de August Dupin en el cuento de Poe, que luego despliega nuevamente en la secuela "El misterio de Marie Rogêt" (1842) y en "La carta robada" (1844) conoce su cúspide literaria en el detective privado inglés Sherlock Holmes de Sir Artuhr Conan Doyle. Es él quién lleva al extremo el análisis del rastro, el famoso método inductivo del cuál Freud se confesará un admirador (4). En el año 1887, y con una evidente influencia de los cuentos de Poe, S. Arthur Connan Doyle publica en Londres "Estudio en Escarlata", la primera novela que protagoniza Holmes. Es desde ese momento en que se afirma la metodología analítica del indicio superficial como el modus operandi fundamental para el esclarecimiento de los crímenes en las novelas policiales. Podemos suponer justificadamente y por medio de Carlo Ginzburg, que Poe influye a Conan Doyle y este a su vez a Freud.
Para Holmes los detalles de la superficie, de la superficie de las personas (el barro en los zapatos, las arrugas de la ropa) y de la superficie de los lugares (el moho en la pared, las cenizas de un cigarrillo) son los indicios de algo que ocurrió pero que no necesariamente remiten al crimen tal y como fue ejecutado, sino más bien a cómo fue ocultado. Los rastros, para Holmes, hablan un idioma extranjero que debe ser traducido, pues el rastro nunca es rastro de lo ocurrido, es rastro del rastro de lo ocurrido, huella de otra huella. Los hechos traumáticos no poseen testigo para Freud. No son perceptibles ni analizables conscientemente. Elaboran sus huellas en el estrato inconsciente y desde allí esas huellas son a su vez elaboradas por los procesos psíquicos y salen a la superficie luego de haber pasado por tamices, por aplanadoras, por guillotinas que reducen, modifican, desplazan su contenido literal a un contenido latente. A este contenido latente solo se puede llegar por medio del análisis de procesos, de huellas de sus huellas, de la misma manera como Holmes intenta esclarecer un homicidio contextualizando ese barro, ese moho que no son parte del crimen, pero sí parte del ocultamiento del crimen. Y si el crimen es ocultado, podemos llegar a su ocultador analizando el modo de disimulo.
Puede ser Freud un Holmes del psiquismo humano. Ambos provienen de una educación en medicina (Conan Doyle también) y, por lo tanto, han aprendido del método inductivo de síntomas. Pero Freud, como Holmes, sabe que ese método resulta agotable cuando se utiliza de manera oficial, es decir, por medio de la hermenéutica clásica, del qué dice el signo. Lo que Freud realiza es una torcedura de la hermenéutica tradicional hacia el porqué el signo dice lo que dice, qué hay detrás de la elección de ese lenguaje de signos del sueño. Hay una urzene, un crimen. Hay indicios y rastros enigmáticos que han sido puestos en lugares distintos a su origen. Hay una incapacidad de recordar algo que nunca fue presenciado pero que dejó un muerto, una mancha de sangre, una huella misteriosa en la profundidad de la psiquis que sale a la luz exigiendo la reconstrucción de un pasado impercibido.
Los estudios de los italianos Cesare Lombroso, Enrico Ferri y Rafaele Garofalo sientan las bases de la criminología moderna a principios del siglo XIX, lo que se conoce como positivismo criminológico. Para situarnos en la actualidad, la famosa serie estadounidense de televisión CSI- Crime Scene Investigation- (5) que narra los casos de un grupo de científicos forenses (cabe mencionar que tampoco son policías), ha puesto en la pantalla masiva los sofisticados métodos de investigación de crímenes utilizados hoy en día. Primero, los criminalistas deben recoger todo tipo de rastros dejados en la escena del crimen, huellas, sangre, armas, polvo, con la pulcritud de sus elementos: Fenolfateína, Frotis bucal, Levantador de caucho gelatinoso, Rodizonato de sodio, etc. Luego es fundamental "procesar" las evidencias: AFIS (Sistema automatizado de identificación de huellas), CODIS (Sistema combinado de índices de ADN), IBIS (Sistema Integrado de Formación de Imágenes de Balística). Y con los resultados extraídos y deducidos por medio de los programas garantizados, deben poner en contexto los restos y llegar así a las conclusiones. Todo lo anterior fija al rastro (evidencia) como el único principio en el dilucidamiento. Y la escena del crimen no siempre es la escena del crimen, muchas veces el cadáver fue movido y puesto en un lugar distinto de donde ocurrió el asesinato. O simplemente no hay cadáver, sino rastros de que puede haber uno. Y los agentes criminalistas solo tienen una escena limpia, una habitación corregida.
Pasamos, pues, del análisis de rastro elemental de Holmes y Dupin, al más complejo de los agentes Grissom y Willows. Sin embargo las computadoras y los químicos mediante, para todos siempre es necesario leer entre líneas, realizar una interpretación de la interpretación. Un examen del signo debe recurrir al origen del signo y al origen de la modificación del signo. Aunque para el acto psicoanalítico no es preciso el uso de los programas computacionales, el signo debe ser sometido a su análisis como rastro desplazado, borroneado, para lograr encontrar, aunque sea hipotéticamente, su contexto original.
Ese pasado impresentable que es el crimen puede ser reconstruido con los rastros dejados a posteriori, pues el rastro solo lo es en el después. Se aloja en el presente pero cuando ya no tiene lugar reconocible en la actualidad. Evoca un pasado que no fue presente para nadie. El rastro psíquico es la certeza de que algo dejó esa hendidura, pero de nada más. El psicoanálisis como la criminología intenta desentrañar la verdad del rastro cuando este ya es incomprensible. Porque a diferencia de las migajas de pan de Hansel y Gretel que llevaban directamente a casa, los rastros de una urzene llevaran a otros rastros, a otras hendiduras, nunca a la escena del crimen original. Para resolver los misterios de un psiquismo neurótico hace falta el complejo trabajo de la interpretación. De la interpretación de la interpretación.
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(1) FOUCAULT, Michel. Nietzsche, Freud, Marx. Ponencia en el VII Coloquio Filosófico Internacional de Royaumont, Julio de 1964. Barcelona, Anagrama, 1970.
(2) POE, Edgar Allan. Los crímenes de la calle Morgue y otros cuentos. Editorial Sol90, 2004.
(3) PÉREZ, Carlos. Forschungs- und Gedenkstätte, en Revista UDP, Universidad Diego Portales, ISSN 0718-1965.
(4) GINZBURG, Carlo. Morelli, Freud y Sherlock Holmes: Indicios y método científico, en Eco, Umberto y Sebeok, Thomas, El signo de los tres, Editorial Lumen, Barcelona, 1989.
(5) CSI: Crime Scene Investigation, creada por Anthony E. Zuiker. CBS, Estados Unidos.
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