
INVERNADERO DE LUJURIA
La carne roba parlamentos y despliegue escénico al amor mientras el alma equivale al artista que desprecia el divertimento para concentrarse en su trabajo.
Temo, más que a la muerte, al deseo del veterano que suplica el placer de jovencitas malgastando versos y sufre la indiferencia que tanto conocen vendedores ambulantes o predicadores obsesivos.
La lascivia guía mis pasos para tenderme emboscadas.
Contemplo besos similares al ajetreo de alas entre Lesbos y Afrodita, que cierran con los labios heridas invisibles en juegos de ternura y lujuria. Mi lealtad está con ellas por complacerme en secreto.
Disfruto, a pesar de la podredumbre que reinará en el futuro, el enamoramiento fugaz, la seducción explícita e inocentes voluptuosidades con amigas.
Llega la hora en que el cuerpo decae y la efervescencia prosigue, ardemos gracias a contemporáneos y flores emergentes, necesito, para consolarme en la agonía, el sabor de texturas que viajen del pasado como antídoto.
La plenitud es un globo que el temeroso observa con fascinación, se horrorizaría en el infierno ante placeres que amenizan las torturas.
(Pertenece a TORÁX, Copyright © 2008 Cristián Berríos, todos los derechos reservados)




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